¿Conoces el pensamiento de Bruce Lee: be water, my friend?

Fue uno de los mejores en las artes marciales o el gran difusor de estas en Occidente; de hecho, Bruce Lee –o Lee Jun-fan, su nombre en cantonés–, aunque partía de la disciplina del Kung Fu, acabó mezclando esta y aquella escuela para crear un nuevo estilo de lucha que se llamó Jun Fan Gung Fu o el Kung Fu de Jun-fan y que venía a ser un arte marcial combinación de varias escuelas sin abrazar decididamente a ninguna de ellas.

Además, como buen oriental y dada su ubicación en sus primeros años de vida, Hong Kong, observó con atención la filosofía y la sabiduría –especialmente el taoísmo– aunque, como le ocurriera con las artes marciales, amplió conocimientos a través del confucionismo y el budismo y, ya en Estados Unidos, continuó esa formación humanística estudiando filosofía e interesándose especialmente por Hegel y Marx, Krishnamurti o el filósofo Spinoza.

Todo ese conglomerado filosófico que Lee integró devino en un objetivo: el auto conocimiento, que si bien hoy en día es un campo de estudio muy común y con mucha literatura a sus espaldas, a principios de los años 60 aún estaba en ciernes en el plano popular y el pensamiento de Bruce Lee  fue un verdadero impulsor en este sentido antes incluso de la internacionalización de movimientos como los Hari Krishna.

Tanto fue el éxito que Lee obtuvo formando en artes marciales y divulgando su filosofía y modo de vida que, ya en los setenta, personajes como Karim Abdul Jabbar o Steve Mcqueen participaron como alumnos en los gimnasios que Lee creo en Estados Unidos, además claro se dejarse influenciar por su pensamiento.

Como me he referido anteriormente, Bruce Lee era esencialmente taoísta y de la sabiduría de Lao Tse se empapó y asumió el concepto del desapego por las cosas –algo muy común en las filosofías orientales–. También, el taoísmo le enseñó a no forzarse a sí mismo ni a forzar su relación con la naturaleza. Entendió que debía dejar de remar contra corriente y, simplemente, seguir el curso del río. Esta filosofía vital le obligaba a ser más tolerante consigo mismo y a «soltar» sus apegos, adaptarse. Su famosa analogía entre la actitud vital y el agua –be water, my friend– se convirtió en santo y seña de la extrapolación de la filosofía taoísta al quehacer diario. «Se agua, amigo», les decía a sus alumnos; adáptate a los cambios produciendo un cambio en ti.

Pero, aunque Lao Tse fue el maestro de referencia para Lee, en orden de importancia e influencia, el filósofo hindú Jiddu Krishnamurti (1895-1986) –para algunos el último gran sabio de la humanidad– también ejerció un importante efecto positivo en la mente de Bruce. De hecho, lo liberó de cualquier lastre ideológico o una mirada parcial sobre las cosas. Ya sabemos que Krishnamurti rechazaba que las personas pudieran alcanzar la verdad desde una ideología o religión determinada y, para ser coherente, abandonó su rol de mesías en la Escuela Teosófica, justamente para evitar que esta se convirtiera en un filtro más a la hora de observar el «camino de la verdad». Lee llevó esta lógica al campo de las artes marciales y por ello acabó creando su propia escuela que aglutinaba todo, al tiempo que rechazaba abrazar o mirar el mundo a través de alguna de las partes de ese todo. Lee les solía decir a sus alumnos que él no podía enseñarles, tan sólo ayudarles a explorarse a sí mismos. Este tipo de auto conocimiento es muy de Krishnamurti y taoísta, sin duda.

Como ocurre, prácticamente, en todas las doctrinas orientales, vivir el momento  presente es más importante que poner la emoción y el pensamiento en el futuro o en el pasado o que cederse al destino impuesto por un Dios caprichoso. En este sentido, y en relación con el budismo, la ley de impermanencia, donde todo está en continuo cambio, hace incongruente la existencia de un Dios por lo que el pensamiento de Bruce Lee es también agnóstico y cuando alguna vez se le preguntó por sus creencias religiosas, respondió que no estaba interesado por ninguna en especial sino por el presente y el ahora, por hacer y no decir.

En cuando a la influencia que pensadores occidentales como Hegel, Marx o Spinoza ejercieron sobre Lee, esta tiene que ver con la dialéctica, tanto espiritual como material. El hecho de que exista una cosa enfrentada a otra y que de ella, mediante el contraste, pueda nacer una cosa nueva y mejor, a Lee le suena a taoísmo; y no le falta razón, pues en el universo taoísta los contrarios –ying y yang– se complementan y «en el contraste de la comparación alguna cosa nueva podría crecer» (1).

El hecho de que Lee rescatara de la filosofía occidental este concepto desarrollado primero por Hegel, desde un plano ideal y espiritual, y adaptado al materialismo histórico por Marx, después, ha llevado a muchos a pensar que Bruce era comunista, lo que no es cierto, aunque pudiera estar de acuerdo con esa propuesta hegeliano-marxista.

Con esto último, hay que insistir en lo incalificable que era Bruce Lee desde el punto de vista de la epistemología. Es cierto que el taoísmo estaba presente en su vida de forma constante, pero todo su ir y venir de una filosofía a otra solo obedecía a una intención y era la de aglutinar en su propio estilo de vida y enseñanzas lo mejor de cada una de ellas.

Notas:

(1) http://www.bruceleespain.com/conversaciones.htm


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