Cataluña: la suerte está echada

Alea jacta est. La suerte está echada. Las elecciones en Cataluña del 27 de septiembre van a rubricar el acta de defunción de la Nación española tal como quedó configurada tras la pérdida de las últimas colonias. Y quedará una excepcional brecha en el melón para que los comensales que lo deseen pasen a sacar tajada del melón: País Vasco, Navarra, Galicia, por qué no Extremadura, Murcia,… y hasta se me antoja posible que Castilla y Aragón reivindiquen su estatus anterior a 1492 y quieran montarse su chiringuito particular.

El resultado del que, ahora sí, va a ser un referéndum legal aunque revestido del disfraz de elecciones parlamentarias por obra y gracia de Mas, el tonto útil de Junqueras y su chupipandi, reflejará que unos dos millones de catalanes, que se sepa, más los que nunca se pronuncian y que hacen bueno el refrán “quien calla otorga”, han sido eficazmente lobotomizados en el odio a España y consideran que la vida se volverá un cuento de hadas una vez despojados de la implacable y sórdida atadura de un Estado español que, eso sí, en los últimos tres años les ha colocado un “sobre” de 40.000 millones de euros bajo el pretexto legal del Fondo de Liquidez Autonómica. Pero eso ni lo saben, ni quieren saberlo ni se les ha explicado por parte de Rajoy y su acólito Montoro, que no son más tontos porque el día no tiene más horas ni el calendario tiene más días. Ese “sobre” de 40.000 millones ha impedido, entre otras cosas, que las familias de todos los empleados públicos de Cataluña se hayan sumido en la miseria al ver sus nóminas literalmente canceladas por quiebra técnica de la Generalitat.

Como dijo Nietzsche, lo que entra por el sentimiento jamás podrá salir por la razón. Este razonamiento deben desconocerlo nuestros gobernantes y aspirantes a serlo, (algo que, por otra parte, parece lógico dado su deplorable grado de incultura y estupidez), empeñados en convencer en quince días de campaña de que la independencia no les conviene a masas abducidas por los profetas que les guían hacia la tierra prometida. Y todo basado en una retahíla de argumentos económicos, rescatados a última hora por una panda de banqueros y empresarios oportunistas, que han permanecido intolerablemente mudos hasta media hora antes del desastre, que traen al fresco a la inmensa mayoría de ese rebaño pastoreado por Mas y Junqueras, eso sí, a los que poco esfuerzo les ha costado por la contumaz selección genética practicada durante tres décadas por el Honorable trincador Pujol y sus secuaces.

Entre estos últimos me permitiré conceder una especial distinción a todos aquellos que por acción u omisión, y siempre bajo el aura de la incompetencia y la irresponsabilidad, tendieron a los separatistas catalanes un puente de plata desde Madrid para urdir el tejido del sentimiento independentista. Estoy hablando de los Rajoy, Zapatero, Aznar, Felipe González e, incluso, a título póstumo, Adolfo Suárez, cuya pusilanimidad en las albores del Estado de las Autonomías sembró la fértil semilla que con tanto esplendor ha invadido de esteladas la geografía del otrora principado de la Corona de Aragón.


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Soy licenciado en veterinaria, con dilatada experiencia laboral en el sector de la nutrición animal y la higiene alimentaria. Ejerzo como técnico superior de salud pública en Castilla-La Mancha y como redactor freelance, con máxima categoría de dos plataformas de reconocido prestigio.

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