“Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”. Confucio.

Debe saber que me gusta y me apasiona mucho escribir. Debe saber también que una de mis actividades predilectas es escribir cartas. Es algo que me genera un enorme placer; me permite reflexionar y entregar lo mejor de mí a mis lectores.

Además, las cartas son más íntimas que las conversaciones, esto último también disfruto mucho. Sólo que las cartas me resultan más intensas y humanas porque uno plasma en tinta: amor, honestidad, entrega, lealtad, entre muchos aspectos humanos que difícilmente se puede dar en otra situación. Al menos así lo percibo y lo siento Yo.

Y he decidido escribirle cartas. Espero las aprecie cuando tenga oportunidad de entregárselas en estos papeles con tinta fraternal. Y en esta primera carta pretendo escribirle sobre algo que aunque resulta evidente, pocos lo saben apreciar y atesorar con suma gentileza.

Sí, me refiero a su belleza. Muchas personas somos “visualmente” conscientes de su belleza, de su hermosura para decirlo propiamente y con prudencia. Es un ser con una beldad sublime. Y aunque muchos lo notamos e incluso disfrutamos y admiramos, insisto en que pocos lo vivimos. Yo afortunadamente soy uno de ellos.

Cuando uno verdaderamente tiene el privilegio de tratarle y sobre todo, conocerle; empieza a deslumbrarse por la verdadera belleza, que no sólo representa sino que es. La verdad es que es usted un ser maravilloso. Y no lo dicho sólo por respeto hacia un probable lector. Además, ser condescendiente no significa no ser franco. Lo digo con el corazón en la mano (y que entregaría como una humilde ofrenda), es un ser hermoso y mágico.

Dudo que las personas vean en usted esa “belleza interna”. Y lo digo no porque trate de decir que esconda esa belleza o no sepa transmitirla, como una cualidad, todo lo contrario. Son las personas que acostumbradas a vivir en la dinámica mundana no saben distinguir lo que celestialmente nos muestras.

Le agradezco a la vida tener la fortuna de ser irradiado por su belleza, no sólo física sino humana y espiritual. Y espero sea así hasta el fin de mis días y después de la muerte ver a los ángeles que sin lugar a dudas, serán igual de hermosos que usted.

La verdad es que independientemente del goce estético, emocional y espiritual que experimento, con su probable compañía; me pregunto cómo se siente de ser hermosa. ¿Cómo se siente? ¿Es difícil ser bella?

Y no sólo me refiero, como dije en párrafos anteriores, a su lindura física sino a todos los aspectos de su vida. Y por supuesto, tiene a un ser que durante toda la vida (es decir, mientras me lea), estará acompañándole incondicionalmente. Le escribo y me lee.


1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando…
¿Te gusta escribir? ¿O quieres mandar visitas a tu página web? Date de alta y escribe tus propios artículos aquí, incluyendo tu perfil de escritor o de negocio.

Dejar respuesta:

Site Footer