¿La nueva edad dorada del vinilo?

Todos los años parece que es el definitivo. Desde hace algún tiempo una industria que parecía ya extinguida, la de los míticos discos de vinilo, “amenaza” con reaparecer de forma masiva alentado en parte también por el auge que está viviendo todo lo retro en nuestros días. De hecho son muchos los artistas y grupos de música en general que entre los formatos en los que sacan sus nuevos trabajos se incluye el vinilo, y otros tantos hacen reediciones de éxitos del pasado a un precio bastante más elevado que el de los Compact Disc. Y aparentemente tienen salida en el mercado porque cada vez son más los que lo llevan a cabo.

Incluso grandes marcas de equipos de sonido han lanzado a la venta reproductores de este soporte imitando los antiguos gramófonos, haciendo las delicias de los amantes de lo vintage. Otros se descantan sin embargo por adquirirlos en tiendas de segunda mano o en páginas webs especializadas, alcanzando algunos de ellos precios verdaderamente elevados al tratarse de auténticas reliquias. Parece por lo tanto que el futuro de los Long Play es brillante, pero… ¿es más que una apariencia que una realidad?

Aunque hoy en día cualquier amante de la buena música y perfecto anfitrión debe estar obligado a poseer una buena colección de vinilos, lo cierto es que las tiendas que se dedican a este negocio no comparten el supuesto entusiasmo de la calle. Los clientes al fin y al cabo son relativamente escasos y sectores como la música online les están comiendo el terreno. Los reproductores portátiles de MP3 son más baratos y sobretodo más manejables que cualquiera de las otras opciones y, obviamente, es lo que mejor se adapta a la lucrativa lacra que suponen las descargas ilegales.

Podría parecerse más a una moda pasajera que a una verdadera apuesta que perdure en el tiempo, pese a que a que sean legión los que mantienen que no hay mejor manera de escuchar la música que en este soporte. Tal y como están las cosas en la actualidad, sin haber salido todavía de la crisis, parece una quimera que alguien decida gastarse un mínimo de veinte euros en un LP por el mero hecho de que la calidad de sonido es algo mejor que la de un CD que vale diez. Y aunque en los locales especializados sí existe la posibilidad de encontrar artículos de segunda mano a un precio razonable, a nadie se le escapa que quien quiera adquirir una de las reconocidas como joyas del mercado o algún disco catalogado como clásico hay que rascarse el bolsillo de igual manera.

Uno de los resquicios a los que se agarran los defensores (y por supuesto vendedores) de vinilos es a que al fin y al cabo se le puede dar un valor extra de coleccionismo que no sucede con los soportes comentados anteriormente. Es algo parecido a lo que sucede con los libros, que pese a que están surgiendo e-books, PDFs etcétera, no hay quien se resista a hojear las páginas de un buen ejemplar o disfrutar del olor del papel. Extrapolándolo a los vinilos, es poco menos que un ritual el acto de sacar con sumo cuidado el disco de su cartón (otra cosa que hay que reconocer es que muchas de la portadas son auténticas obras maestras), colocarlo en el reproductor, ajustar la aguja y comenzar a sentir el sonido granulado que precede a la canción.

Este es uno de los motivos por los cuales hay voces que llaman al optimismo. Los espacios dedicados a música de las grandes superficies han ampliado (y siguen haciéndolo) la parte reservada a los vinilos y es un hecho que las ventas han crecido exponencialmente en los últimos años, sumándose mes a mes los nuevos iniciados en un mundo mucho más apasionante de lo que parece. Y si las empresas discográficas deciden que es el momento de invertir en esta apuesta por algo será.

Luces y claros por lo tanto en lo que al futro del vinilo se refiere, pero con la certeza de que aquellos que se han decidido por continuar o comenzar a disfrutar de estos álbumes y lo que se mueve a su alrededor no van a abandonarlo. Será complicado que llegue a obtener cuotas elevadas de mercado ya que como se señalaba anteriormente el negocio principal ahora está en todo lo que se mueve en Internet, pero en lo que a sensaciones se refiere es imposible comparar ambas maneras de escucha música. ¿Hay “brotes verdes” como diría aquel para el tocadiscos? Por el bien de este arte esperemos que sí.


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Periodista especializado en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y desempeñando trabajo en los campo del deporte, ocio y márketing.

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