¿Cómo Sería El País De Mis Sueños? (parte 1 de 3)

Como todos los domingos, inmersos bajo el sublime cielo de una mañana iluminada por un potente sol, fresca por el hilo de una suave brisa matutina, y acompañados de un frondoso batallón de árboles de cujíes, robles, chaguaramos y cedros fungiendo como testigos,  Pancho y Pepe, se encuentran sentados en su banco favorito del parque municipal, preparándose para dar inicio a la lectura del diario local, actividad que culminará con una amena y acalorada tertulia dominical inspirada en algún tema escrito en él, realizada mientras efectúan una saludable caminata, de aproximadamente una hora, por las caminerias internas del parque… Este encuentro de diálogo y ejercicio físico, es algo que ellos vienen realizando desde hace muchos años atrás, y ha logrado mantener frescos sus lazos de amistad.

Ambos compinches, dan inicio a la lectura de las noticias del periódico: Crímenes viles ocurridos durante la semana son los grandes titulares, médicos de hospitales quejándose por no contar con los insumos necesarios para brindar salud a los pacientes que acuden a ellos, resultado del juego de beisbol protagonizado anoche por el equipo local, protestas en los barrios por fallas en los servicios de agua, electricidad, gas, drenajes, otros. Poca ofertas de trabajo, y noticias positivas que puedan alegrar el día al lector.

A lo lejos, hacia el sector de la avenida que bordea el lado oeste del parque, Pepe, mientras  hace velozmente señas a Pancho para que se incorpore, observa como a través de una de sus  cuatro ventanillas, se asoma una delicada mano, con  fino reloj y anillo de graduación, quien sabe de que profesión, y sin escrúpulos alguno, con la comodidad que le brinda su vehículo último modelo para bajar el vidrio de manera automática, deja de sujetar  un gran vaso desechable de plástico, para que ruede libre y aleatoriamente como una danzante basura más por las calles de la ciudad… Por coincidencia, en medio de la distancia que hay entre el vehículo y ellos, simultáneamente, ven a un hombre, quien recibe de su hijo una botella desechable y para sorpresa de ellos, le da también el mismo destino que el chofer del auto dio al vaso, aún contando con una papelera a no más de 20 metros de distancia.

Ambos amigos comentan entre si, que así como éstos individuos, muchas son las personas que también disfrutan ver como sus desperdicios florecen a lo largo y ancho en cualquier lugar donde ellas tengan presencia, y acompañan sus sucios gustos, con el placer de ver como la municipalidad destina buena parte de sus recursos recaudados en impuestos, para emplear personal barrendero para que recojan lo que fácilmente podría haberse desechado en los basurero públicos, o bien, en los ubicados en su propia residencia, pero para que hacer semejante sacrificio cuando es mejor deleitarse viendo a otros recoger lo que nosotros hemos tirado.

-Fíjate Pepe-comenta Pancho-, lo que hemos visto con la basura, es muy similar a lo que sucede también con la mayoría de los conductores de vehículos en todas las ciudades nuestras: El peatón, como si éste no existiera, pues a ellos le es indiferente estacionar sobre el paso peatonal mientras esperan el cambio de luz del semáforo, sin importarles si colocan a la persona que desea cruzar la calle, a competir por el canal de tránsito con los otros autos que también requieren cruzar.

-¡Asombroso Pancho!-siguiéndole el hilo a Pepe, complementa lo dicho por su amigo-, este caso de los conductores de vehículos pica y se extiende: Da pavor como la mayoría de ellos hacen caso omiso al cambio de luz verde a roja, y continúan pasando por unos segundos más, mientras pacientemente el conductor habilitado por la luz verde, espera y comienza a mover su vehículo lentamente a riesgo de ser ofendido y chocado por la imprudencia premeditada del otro. Lo mismo sucede con los choferes de buses de rutas urbanas: Se estacionan en cualquier lugar, irrespetando las paradas, e incluso obstruyendo las vías de circulación libre de los demás vehículos que transitan por calles y avenidas.

-¡Eso sí, se hacen los santos!-Pancho se ríe y suelta de modo sarcástico su sincera opinión-, justo cuando la municipalidad, después de tantas quejas, decide colocar a los policías municipales en sitios estratégicos para regular tales disparidades: ¡Ahora como de manera mágica, todos conocen y cumplen las leyes! ¡Que niños tan obedientes!…. ¿No entiendo por qué si conocemos las leyes debemos actuar como anarquistas? ¿Acaso será que no entendemos que las leyes son para regular y mantener la convivencia ciudadana, para vivir en paz y armonía? o ¿Será que creemos que la vida es para vivirla como el juego de policías y ladrones: faltar para recibir castigo? ¿Nuestro prójimo es un enemigo a vencer?


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Ingeniero y Empresario, escritor independiente, autor de los libros: "Actitud Positiva Éxito Seguro", "Como Hacer Para Mantenerse Feliz Por Más Tiempo", "Grandes Secretos De Mi Éxito", "Misión Terranova", todos correspondientes a la serie "Gerencia Del Buen Vivir", ramo de la gerencia, dedicado al estudio y promoción de la Calidad y Estilo de Vida, que Osno Monto se ha propuesto desarrollar, dejando la puerta abierta a la participación de todas la personas amantes del buen vivir.

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