¿Es inmoral el capitalismo?

¿Es inmoral el capitalismo?

Como máximo representante del materialismo, Karl Marx consideraba que los seres humanos se mueven especialmente por un interés o por lo que se estima como tal. Indudablemente, estaba en lo cierto. Por esta razón el comunismo estaba sentenciado al fracaso, porque para triunfar hubiera sido indispensable que los individuos dejaran de ser egoístas y establecieran el interés general por encima del particular. Ante la utopía marxista de una economía moral, el capitalismo finalmente ha demostrado ser desde el punto de vista antropológico muy superior: no es ni moral, ni inmoral, sino simplemente amoral. Este cuestionamiento por ejemplo, viene muy bien al caso de la ola de indignación que recorrió las cancillerías europeas frente a la determinación de la agencia Moody’s contra Portugal, tratado de la delicada crisis que ha experimentado la deuda de España e Italia. «Nos arrebatan nuestra capacidad de juicio» o «hay que acabar con el oligopolio de las agencias», algo que se llegó a escuchar en boca de Merkel, Trichet o Van Rompuy. Unos meses antes, la comisión del Congreso de EEUU con el propósito de realizar una investigación sobre los orígenes de la crisis sentenció que el trío Fitch, S&P y Moody’s fue pieza fundamental de la maquinaria de destrucción financiera.

Actualmente, esas mismas empresas que despiertan sospechas respecto a la alteración del precio de los productos o artículos de consumo, continúan beneficiando las agresiones especulativas contra las economías. Sus gerentes argumentaran que en economía, como en cualquier otra ciencia o técnica, no existe moral, ni menos voluntad o conciencia. Sin embargo olvidan agregar que es nuestro deber de seres humanos ser morales, aquí y ahora. Por este motivo es común equivocarse en el lenguaje político o periodístico al referirnos a los mercados o a los sistemas sin mayor exactitud, porque caemos en la trampa de no señalar a los individuos que favorecen o sacan provecho de unas conductas evidentemente fraudulentas. En una sociedad capitalista, la moral parece ser solo posible cuando proviene del otro lado de la economía: la política. Por esta razón los políticos europeos están en la obligación de responder con actuaciones contundentes: diseñando una agencia de calificación europea y conduciendo a los tribunales a esas empresas.


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